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Invierno

Por qué el cuadro falla en enero y no en agosto

9 min de lecturaActualizado el

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Bases cerámicas roscadas antiguas, ennegrecidas, sobre una chapa oxidada con cable textil

Respuesta corta

Con el frío se juntan tres cosas. Entran en servicio cargas que llevaban meses paradas, como los acumuladores y los radiadores de apoyo, y eso destapa bornes flojos y cables justos. Aparece condensación: al calentar un local frío, el vapor del aire se convierte en agua sobre las superficies frías, y ese agua encuentra cajas de conexión mal cerradas. Y las líneas de exterior sufren nieve, hielo y contracción, con 11,2 días de nieve al año en Vitoria. Por eso los avisos se concentran en las primeras semanas: el defecto ya estaba y el frío lo pone a prueba.

¿Por qué se concentran los avisos en las primeras semanas de frío?

Porque durante el verano media instalación estaba dormida. Los acumuladores no cargaban, el termo trabajaba menos, el alumbrado exterior encendía pocas horas y los radiadores estaban guardados. Todo eso vuelve a la vez en cuestión de días, en cuanto las noches se ponen frías. Y una instalación no falla cuando está en reposo: falla cuando se le pide trabajo. El defecto llevaba meses ahí, esperando a que alguien le pidiera corriente.

El mecanismo concreto es casi siempre el mismo, y es térmico. Un borne con poco apriete tiene más resistencia de la que debería. Al pasar corriente, ese punto se calienta más que el resto del cable. El metal se expande con el calor y se contrae al enfriarse, y ese vaivén diario afloja un poco más el tornillo cada vez. Cuantas más horas de trabajo, más rápido va el proceso. En noviembre ese punto lleva de golpe semanas calentándose todas las tardes.

El segundo mecanismo es el de la humedad, y funciona al revés de lo que la gente imagina. No hace falta que llueva dentro. Basta con que haya vapor en el aire y una superficie más fría que ese aire. En un garaje, en un trastero o en un portal sin calefactar, esa condición se cumple casi todos los días entre noviembre y febrero, y se cumple varias veces al día.

¿Qué pasa exactamente cuando se calienta un local frío?

Pasa condensación, y conviene entender el mecanismo porque explica media avería de invierno. El aire caliente puede contener más vapor de agua que el aire frío. Cuando ese aire cargado de vapor toca una superficie que está por debajo de su punto de rocío, el vapor deja de ser vapor y se convierte en gotas. No llueve: el agua aparece directamente sobre el material frío, por dentro.

En un local sin calefactar, la superficie fría la ponen el muro de hormigón, el marco metálico de una puerta, un tubo empotrado o la tapa de una caja de conexión. Basta con encender una estufa un rato, o con que entre un coche caliente y se cierre la puerta. El aire sube de temperatura y el agua aparece en todos esos puntos. Al día siguiente el ciclo se repite.

El agua sola no sería tan grave. El problema es lo que lleva dentro y lo que arrastra: polvo, sales del suelo, restos del hormigón. Esa mezcla conduce bastante mejor que el agua limpia y va dejando una película sobre el aislamiento de los conductores y sobre los bornes. Poco a poco se forma un camino de fuga entre el conductor y las partes metálicas, y ese camino es justo lo que el diferencial está vigilando.

De ahí sale un patrón muy reconocible. El diferencial del garaje o del trastero empieza a saltar por la mañana temprano o al rato de encender la luz, sin que nadie haya conectado nada nuevo. Y se comporta mejor los días secos que los días de niebla o de deshielo. Cuando un aviso hace eso, buscar un electrodoméstico culpable es perder el tiempo: la fuga está en la instalación.

¿Por qué fallan las cajas de registro de las zonas sin uso?

Porque son la parte más olvidada de un edificio. En un trastero o en un cuarto de bombas nadie mira nunca una caja de conexión. Muchas se quedaron sin tapa el día de una reparación y así siguen. Otras tienen los empalmes hechos con cinta aislante en lugar de regleta. En un sitio seco eso puede aguantar décadas. En un sitio con condensación se convierte en el punto por donde se va la corriente.

Hay un detalle que sorprende a mucha gente: los tubos de la instalación también transportan aire. Un tubo que va de un garaje templado a una caja en un muro frío mueve aire húmedo de un lado a otro, y ese aire condensa dentro. Se han abierto cajas en las que había agua acumulada en el fondo sin que hubiera ninguna filtración por encima. El agua no había entrado por una grieta: se había formado dentro.

En los trasteros se junta otra cosa. La instalación de esas zonas es casi siempre la más antigua de todo el edificio, porque las viviendas se han ido renovando y el trastero no. En los portales levantados en la gran oleada de los años sesenta y setenta es normal encontrar el cableado original y sin toma de tierra. Con mecanismos de superficie que no son estancos, y con un solo circuito para todo el sótano.

La forma correcta de resolverlo no es cambiar la caja y marcharse. Se sustituye por material estanco de verdad, con prensaestopas y con las entradas orientadas hacia abajo, y se sube el registro por encima de la franja donde se acumula la humedad. Y se le da a esa zona su propio diferencial, para que el día que vuelva a haber fuga no arrastre al alumbrado del portal ni a los ascensores.

¿Qué le pasa a una arqueta de jardín en invierno?

Que se llena de agua y luego se hiela. En un unifamiliar o en una zona comunitaria con jardín, las conexiones del riego y del alumbrado exterior viven dentro de arquetas enterradas. El agua entra por la tapa, por el tubo o por el propio terreno, y en invierno se queda ahí. Cuando llega una madrugada de helada, esa agua se congela y aumenta de volumen.

Ese aumento de volumen es lo que hace el daño. El hielo empuja contra todo lo que tiene alrededor: aprieta los conductores, abre las juntas de las cajas, separa una regleta mal cerrada y llega a agrietar el propio aislamiento del cable. Al deshelar, el agua entra por la grieta nueva que acaba de abrirse. Es un mecanismo lento que empeora cada invierno, y explica por qué una arqueta que aguantó cinco años falla de repente.

El circuito de riego añade un problema de calendario. En invierno está parado, así que nadie nota nada. El fallo aparece en marzo, el día en que se vuelve a dar tensión al programador, y entonces parece una avería nueva cuando en realidad se produjo en enero. Si el riego cuelga del mismo diferencial que la vivienda, lo que se nota es que la casa se apaga al arrancar el programador.

La solución de fondo tiene tres partes. Material estanco y conexiones hechas con manguito o con gel, no con cinta. Los empalmes por encima del nivel donde se acumula el agua, siempre que el trazado lo permita. Y diferencial propio para todo lo que salga al exterior, riego y alumbrado incluidos, para que un problema del jardín no deje la casa a oscuras en una noche de enero.

¿Y las líneas exteriores y el alumbrado sin calefactar?

Aquí manda el clima, y en Vitoria está medido. Caen 11,2 días de nieve al año y la media de enero es de 5,3 °C. La ciudad está a 539 m de altitud. Son los valores normales de AEMET en el aeropuerto de Foronda, serie 1991-2020. Eso son muchas noches por debajo de cero al cabo del invierno. Un cable exterior, una luminaria de fachada o un cuadro en un portal abierto pasan por ese ciclo un montón de veces.

El ciclo de hielo y deshielo trabaja sobre las juntas. Las gomas de una luminaria de exterior se endurecen con los años y con el frío, pierden elasticidad y dejan de sellar. Entonces entra agua en el portalámparas y en la caja de conexión. Es la avería típica del alumbrado de una rampa de garaje o de un jardín comunitario, y casi nunca se debe a la luminaria en sí, sino al cierre.

El frío también mueve los metales. Un conductor se contrae al enfriarse, y si el borne no tiene el apriete correcto, ese movimiento lo afloja. En una línea larga de alumbrado exterior hay muchas conexiones. Basta con que una pierda contacto para que aparezcan fallos intermitentes: una zona que se apaga al azar, un tramo que enciende con retraso, un consumo raro. Suena a fantasma y es mecánica pura.

Y hay un sitio que reúne todo lo anterior: el cuadro de las zonas comunes. Muchos están en un portal o en un hueco del garaje, sin calefacción y con la puerta abriéndose a la calle todo el día. Frío, humedad, polvo y conexiones antiguas en el mismo metro cuadrado. Revisar el apriete de esos bornes antes de noviembre evita buena parte de los avisos de invierno.

¿Qué se puede revisar antes de que llegue el frío?

Lo primero, el apriete de los bornes del cuadro. Es una revisión rápida, se hace con la instalación parada y se nota en cuanto se aprieta un tornillo que estaba flojo. En cuadros que trabajan mucho, además, se mira si hay señales de calentamiento: un plástico oscurecido, un aislante deformado, un tornillo con el tono cambiado. Esas marcas son una avería anunciada y se ven antes de que huela a nada.

Lo segundo, medir el aislamiento de los circuitos que salen de la vivienda. Garaje, trastero, jardín, riego, alumbrado exterior. El comprobador de aislamiento da un número por circuito y detecta la degradación mucho antes de que el diferencial empiece a saltar todas las mañanas. Esa medición, hecha en octubre, es la diferencia entre una reparación programada y una urgencia a las siete de la mañana de un día de helada.

Lo tercero, el reparto del cuadro. Si el exterior, el garaje y el trastero cuelgan del mismo diferencial que la vivienda o que el portal, cualquier problema de humedad se convierte en un corte general. Separarlos es trabajo de un rato y cambia la vida en invierno: la zona húmeda se cae sola y el resto sigue funcionando mientras se arregla.

Y lo cuarto, probar en octubre lo que va a hacer falta en enero. Enciende el alumbrado exterior completo y déjalo un rato. Da tensión al programador del riego aunque no vayas a regar. Pon los acumuladores un ciclo. Revisa de qué toma cuelga el radiador de apoyo. Todo lo que falle en esa prueba, falla con la casa caliente y a plena luz del día, que es mucho mejor momento que la primera noche de nieve.

Y si el aviso llega igualmente, en plena helada, no lo arrastres durante días. Un diferencial que no se sostiene, un cuadro de garaje con agua o un olor a quemado en el portal son urgencias. Deja abajo la zona afectada, recupera el resto y llámanos: al coger el aviso te damos hora concreta de llegada.

En resumen

  • El frío no crea la avería: pone a trabajar el defecto que ya estaba
  • Al calentar un local frío, el vapor se convierte en agua sobre las superficies frías
  • En los tubos también circula aire húmedo, y condensa dentro de las cajas
  • El hielo de una arqueta abre juntas y agrieta aislamientos al aumentar de volumen
  • Da diferencial propio al exterior, al garaje y al trastero antes de noviembre

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