Saltar al contenido
Electricista urgente 24 h en Vitoria y Álava
Tu ElectricistaVitoria
Invierno

Por qué salta todo al poner radiadores sobre 3.450 W

9 min de lecturaActualizado el

¿Es una urgencia ahora mismo? No esperes a terminar de leer.

Llamar al 945 49 21 79
Resistencias eléctricas al rojo vivo arrolladas en espiral sobre bloques refractarios

Respuesta corta

Salta porque un piso de los años sesenta o setenta en Vitoria suele tener 3.450 W contratados, dos circuitos para toda la casa y cable original. Un radiador de apoyo se come por sí solo una parte muy grande de esa potencia. Si coincide con el termo, la placa o el horno, el control de potencia corta la vivienda entera. Si va enchufado en un dormitorio, además carga de más un circuito pensado para lámparas. Reparte las cargas, no uses alargadores ni regletas para el radiador y vigila los avisos: enchufe caliente, clavija ennegrecida, olor a quemado o una palanca que salta cada vez antes. Con cualquiera de esos avisos, llama.

¿De qué instalación partes si el piso es de esa época?

Vitoria se hizo de golpe. En 1960 vivían aquí 73.701 personas. En 1970 ya eran 136.873, y el censo de 1981 dio 192.773. La población se multiplicó por 2,6 en veinte años, y el parque de vivienda se levantó a ese ritmo. Zaramaga, Coronación, El Pilar, Adurtza, Ariznabarra, Arana, Judimendi, San Martín y Santa Lucía son barrios de esa oleada, y sus instalaciones nacieron con el mismo planteamiento.

Ese planteamiento era coherente con la casa de entonces. Potencia de 3.450 W, porque se cocinaba con butano o gas y se calentaba con gasóleo o carbón. Dos circuitos para todo el piso: uno de alumbrado y otro de tomas. Y cable de sección justa, pensado para bombillas, una radio y poco más. No era una chapuza. Describía lo que se enchufaba en 1972.

Hay un tercer dato que importa en invierno: la toma de tierra. Pasó a ser obligatoria en vivienda con el Decreto 2413/1973, y muchos edificios anteriores siguen sin ella. Un radiador de aceite o un termo tienen carcasa metálica. Sin tierra, una fuga dentro del aparato no tiene por dónde irse hasta que alguien lo toca.

Con los años, esa instalación ha recibido aparatos que nadie previó: termo eléctrico, vitrocerámica o inducción, horno, lavavajillas, secadora. Todos colgados de los dos circuitos originales. El radiador de apoyo llega en noviembre y se suma encima. Es la última carga, y por eso es la que se lleva la culpa.

¿Por qué salta en cuanto enchufas el radiador?

Por dos cuentas distintas que fallan a la vez. La primera es la del contrato. Los 3.450 W son el total que puede funcionar en el mismo instante en toda la vivienda. Un radiador de apoyo, puesto al máximo, ocupa por sí solo una parte muy grande de esa cifra. Basta con que coincida con el termo calentando o con la placa encendida para pasarse. El control de potencia no pregunta: abre y deja la casa a oscuras.

La segunda cuenta es la del circuito. El radiador se enchufa en la toma más cercana, que casi siempre es la del dormitorio o el salón. Ese circuito comparte cable con media casa y se calculó para lámparas, la televisión y un cargador. Una carga grande y sostenida durante horas lo lleva al límite. Si el magnetotérmico está bien elegido, corta. Si alguien lo cambió por uno mayor para que dejara de saltar, no corta, y el que sufre es el cable.

La hora lo empeora todo. En Vitoria la media de enero es de 5,3 °C y la de agosto de 19,8 °C, así que el radiador trabaja justo en la punta de la tarde. Entre las siete y las nueve coinciden la cena, las duchas y la calefacción. El radiador aporta poco calor al conjunto de la casa y mucho consumo al total.

Por eso los avisos llegan en oleada. Una o dos semanas después de la primera bajada seria de temperatura, los cuadros de media ciudad empiezan a saltar por las tardes. No ha cambiado la instalación. Ha cambiado lo que se le pide a la vez.

¿Qué palanca cae y qué te está diciendo?

Si se va la casa entera y en el cuadro no hay nada abajo, ha actuado el control de potencia del contador. Muchos se rearman solos al cabo de unos minutos. Es la señal más clara de que el problema es la suma: apaga el radiador o el horno y la luz vuelve para quedarse.

Si cae el general, la primera palanca de la fila, el exceso de carga está por encima de todos los circuitos. En un piso de dos circuitos, el general trabaja al límite cada tarde. Si cae una palanca estrecha y solo se va una parte de la casa, es el magnetotérmico del circuito donde está el radiador. Ahí ya sabes que ese enchufe no es sitio para él.

Si cae el diferencial, la palanca ancha con botón de prueba, el mensaje es otro. No hay exceso de consumo: hay corriente que se escapa. Un radiador viejo con la resistencia dañada, un termo con cal, una regleta con humedad detrás de un mueble. Desenchufa el radiador y prueba a rearmar. Si aguanta, el aparato es el sospechoso. Si no aguanta, hay que buscar la fuga en la instalación.

¿Qué avisos no conviene ignorar?

El primero es el calor donde no debe haberlo. Una clavija que quema al tocarla, un enchufe templado en la pared o una regleta blanda. Un contacto que calienta tiene más resistencia de la debida, y cada día que trabaja se afloja un poco más. Es el paso previo al plástico derretido.

El segundo es el color y el olor. La base del enchufe amarillenta o ennegrecida alrededor de un agujero. Un olor a plástico caliente o a quemado que aparece al rato de encender el radiador y se va cuando lo apagas. Eso no es el polvo quemándose en la resistencia. El polvo huele el primer día y deja de oler; un borne flojo huele cada tarde.

El tercero es el comportamiento del cuadro. Una palanca que antes aguantaba toda la tarde y ahora salta a la media hora. Un magnetotérmico que al tocarlo está templado. Un zumbido o un chasquido dentro del cuadro. Las luces que bajan un momento cada vez que el radiador arranca. Cualquiera de esas cosas dice que hay un punto trabajando mal, y no se arregla solo.

El cuarto es el más serio: un calambre o un cosquilleo al tocar el radiador, el termo o un grifo. En un piso sin toma de tierra, eso significa que una carcasa tiene tensión. Desenchufa sin tocar la parte metálica, baja el circuito y no vuelvas a usar ese aparato hasta que se revise.

¿Cómo repartir las cargas para que no salte?

La regla de fondo es no juntar cargas gordas en la misma media hora. Mientras el horno o la placa estén encendidos, el radiador descansa. La lavadora y el lavavajillas, para después de cenar o para la mañana. Y el termo, si tiene temporizador, a calentar de madrugada, que es cuando nadie lo necesita y la casa está en reposo.

El radiador, siempre enchufado directamente a la pared. Nunca a un alargador, nunca a una regleta con otras cosas y nunca con el cable enrollado o metido debajo de una alfombra. Un cable enrollado o tapado no disipa el calor y se calienta mucho más que el mismo cable estirado. Si hay que elegir toma, mejor la de un circuito que no sea el de los dormitorios.

Un solo radiador a la vez, y con termostato. Poner dos en habitaciones distintas es duplicar el problema sobre los mismos dos circuitos. Y revisa la programación de lo que funciona solo: acumuladores, termo, calefactor del baño. Muchas veces se quedaron como los dejó el inquilino anterior y arrancan justo en la punta.

Si con ese reparto el cuadro deja de saltar, tienes media respuesta: es potencia y costumbre, no avería. Si sigue saltando con la casa tranquila, o salta el diferencial, el problema está en la instalación o en un aparato, y ahí el reparto ya no alcanza.

¿Cuándo hay que llamar y qué se arregla?

Llama sin esperar si hueles a quemado, si ves un enchufe ennegrecido o derretido, si el cuadro está caliente, si una palanca no se sostiene o si alguien ha sentido un calambre. Baja el circuito afectado, desenchufa lo que puedas sin tocar partes calientes y llámanos. Al coger el aviso te damos hora concreta de llegada, también de noche y en festivo.

Lo que se hace en la visita es localizar, no suponer. Se revisa el apriete de los bornes del cuadro y se buscan señales de calentamiento. Se comprueba que cada magnetotérmico corresponda al cable que protege. Se mide el aislamiento del circuito que da problemas. Y se sustituye lo que ha calentado: el mecanismo, el tramo de cable dañado detrás de él, el borne o la protección.

Después viene la conversación de fondo. Si la casa necesita más potencia de verdad, antes de pedirla a la comercializadora hay que comprobar que el cuadro y el cable la aguantan; subirla sin revisar solo quita el corte y deja el riesgo dentro de la pared. Y si el piso no tiene toma de tierra, esa reparación va antes que cualquier radiador nuevo. Un aumento de potencia se mueve entre 180 € y 420 €, y una toma de tierra entre 220 € y 650 €, con el precio cerrado por escrito antes de empezar.

En resumen

  • Un piso de esa época parte de 3.450 W, dos circuitos y a menudo sin tierra
  • El radiador falla por dos cuentas: el total de la casa y un circuito débil
  • Nunca con alargador ni regleta, y nunca a la vez que el horno o el termo
  • Enchufe caliente, clavija negra, olor a quemado o calambre: llama ese día
  • Antes de subir potencia, revisar cuadro, cable y tierra

¿Sigues sin luz o no te atreves a tocarlo? Llama

Atendemos urgencias en Vitoria y toda Álava las 24 horas. Al coger el aviso te damos una hora concreta de llegada, y el precio te lo cerramos por escrito antes de reparar.

¿Tienes la avería delante y prefieres no complicarte?

Llámanos: al coger el aviso te damos una hora concreta de llegada y el precio te lo cerramos antes de reparar. 24 horas, los 365 días del año.