El diferencial compara lo que va y lo que vuelve: hay que buscar la fuga
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Respuesta corta
Un diferencial vigila que la corriente de ida y la de vuelta sean iguales. Cuando dejan de serlo, hay corriente marchándose por un camino que no le corresponde: el terreno, una tubería mojada o el cuerpo de quien está tocando algo. Con treinta miliamperios de desequilibrio ya abre: 30 mA es la sensibilidad que la ITC-BT-25 fija para los circuitos de una vivienda. Para dar con el circuito, deja abajo todas las palancas estrechas, levanta el diferencial y ve devolviendo los circuitos de uno en uno, con unos segundos de espera. El que vuelva a tumbarlo es el que pierde. Si con todo abajo tampoco se sostiene, el fallo está antes. Y para fijar la causa hay que medir aislamiento en megaohmios.
¿Qué compara exactamente un diferencial?
Dentro del aparato hay un anillo de material magnético por el que pasan los dos conductores del circuito, la fase y el neutro. Cada uno lleva corriente en sentido contrario, así que los campos magnéticos que generan se anulan. Mientras todo lo que sale vuelve, el anillo está en equilibrio y no pasa nada. En el momento en que las dos corrientes dejan de ser iguales, aparece un campo que ya no se anula, y ese desequilibrio es el que acciona el disparo.
De ahí sale una consecuencia que conviene entender bien. El diferencial no sabe cuánta corriente circula, ni le importa. Puede estar pasando poca o mucha: lo único que vigila es que la que va y la que vuelve coincidan. Por eso un diferencial no protege el cable. Quien hace ese trabajo es el magnetotérmico, que sí mide cuánta corriente pasa y corta cuando pasa demasiada para la sección que tiene detrás.
El valor habitual en vivienda es de treinta miliamperios, y ese número no es casual. Está elegido por debajo del umbral en que una corriente que atraviesa el cuerpo humano llega a provocar una fibrilación. No es un ajuste de comodidad. Es el margen entre un calambre desagradable y algo mucho peor, y por eso el aparato dispara con una cantidad de corriente que a cualquier electrodoméstico le resulta insignificante.
También importa la velocidad. Un diferencial corta en pocas centésimas de segundo, porque el daño de una descarga depende tanto de la intensidad como del tiempo que dura. Esa rapidez explica algo que desconcierta a mucha gente: la casa se queda a oscuras antes de que nadie haya notado nada raro. El aviso llega antes que el accidente, y eso es exactamente lo que se le pide al aparato.
¿Qué patrón tiene tu disparo?
El patrón es el dato que más acorta el diagnóstico, y lo tienes tú, no el electricista. Anota tres cosas cada vez que salte: la hora, qué estaba funcionando y si aguanta al rearmar. Con dos o tres apuntes, el disparo deja de parecer aleatorio. Casi siempre encaja en uno de cuatro patrones, y cada uno señala un tipo de causa distinto.
Primer patrón: cae cada vez que entra en marcha el mismo electrodoméstico. Entonces la pérdida está dentro de ese aparato, y se confirma desenchufándolo y volviendo a levantar la palanca. El termo eléctrico es el primer sospechoso en una casa de Vitoria, porque su resistencia trabaja dentro del agua y el aislamiento se deteriora con los años y con la cal. Los siguientes de la lista son el lavavajillas, la lavadora y el horno, por el mismo motivo de humedad y temperatura.
Segundo patrón: salta de madrugada, sin que nadie haya tocado nada. Eso apunta a lo que funciona solo a esas horas. En muchos pisos de la ciudad son los acumuladores de calor, que cargan en las horas baratas, y el termo con temporizador. Una resistencia que deriva puede aguantar en frío y perder aislamiento en cuanto se calienta, así que el disparo aparece a mitad del ciclo de carga y no al arrancar.
Tercer patrón: salta cuando se juntan varias cargas gordas, y siempre en la punta de la tarde de invierno. Eso no es una fuga, es exceso de consumo, y lo que ha caído no es el diferencial sino un magnetotérmico o el control de potencia. Distinguirlo es fácil mirando la palanca. Y el cuarto patrón es el que engaña más: salta solo cuando hace frío o después de nevar. Ahí lo que hay que mirar son los circuitos que salen de la vivienda.
¿Cómo aíslo el circuito sin tocar un cable?
Es una prueba segura, porque en ningún momento hace falta abrir nada ni tocar nada que no sean las palancas. Empieza bajando todos los magnetotérmicos, las palancas estrechas de la fila. Con todos abajo, sube el diferencial. Si se queda arriba, ya sabes algo importante: el aparato funciona y la fuga viene de alguno de los circuitos que acabas de desconectar.
Si con todos los circuitos bajados el diferencial tampoco se mantiene, para aquí. Eso significa que la fuga está en el propio diferencial o en el tramo que hay antes de los circuitos, y ese tramo no se investiga con palancas. Es el caso en que pedir ayuda tiene sentido desde el primer minuto, porque no hay nada que puedas ir descartando desde el pasillo.
Con el diferencial arriba, devuelve los circuitos de uno en uno y espera unos segundos antes de pasar al siguiente. El que vuelva a tumbarlo es el circuito que pierde corriente. Apúntalo. En un cuadro etiquetado leerás cocina, tomas o calefacción. En muchos cuadros de los años setenta no hay etiqueta ninguna, así que tendrás que deducir la zona por lo que se apaga al bajar esa palanca.
Queda un paso más, y es el que separa el aparato de la instalación. Desenchufa todo lo que cuelgue de ese circuito y vuelve a probar. Si ahora el diferencial aguanta, el culpable es uno de los aparatos, y los vas enchufando de uno en uno hasta dar con él. Si sigue saltando con el circuito vacío, la fuga está en la instalación: en un cable, en una caja de conexión o en un mecanismo. A partir de ahí hay que medir.
¿Qué es medir el aislamiento en megaohmios?
Es la única forma de localizar una fuga sin ir abriendo pared a ver qué aparece. Se usa un comprobador de aislamiento, que no es un polímetro. Lo que hace es aplicar una tensión continua bastante más alta que la de red entre el conductor y la tierra, y medir qué resistencia opone el aislamiento del cable a esa tensión. El resultado se lee en megaohmios, es decir, en millones de ohmios.
Un aislamiento sano da valores muy altos. Un aislamiento degradado, mojado o perforado da valores bajos, y esa caída se nota antes de que el diferencial llegue a saltar de forma constante. Ahí está el valor real de la medición: distingue el circuito que ya está fallando del que está a punto de empezar. El reglamento fija un mínimo por debajo del cual una instalación no se considera apta, y ese es el criterio, no la impresión de nadie.
La medición tiene sus condiciones. Hay que desconectar antes los aparatos con electrónica, porque la tensión de prueba puede dañarlos. Y hay que medir circuito por circuito. Si se mide la casa entera de golpe, el resultado no dice dónde está el problema. Bien hecha, deja un número por cada circuito. Con esos números sobre la mesa la conversación cambia: ya no se discute qué puede ser, se decide qué tramo se repara.
¿Qué no se debe hacer nunca?
Lo primero: dejarlo bajado o puentearlo para tener luz esta noche. Se ve más de lo que parece, y casi siempre con buena intención, porque hace frío y hay niños en casa. Pero el diferencial es la única pieza del cuadro que está puesta para proteger a la gente. Anularlo no arregla la fuga: la deja funcionando sin vigilancia, y la corriente que se estaba escapando sigue escapándose exactamente por donde iba.
Lo segundo: sustituirlo por otro que dispare con más corriente para que aguante más. Ese cambio no corrige nada y sube el umbral justo por encima de lo que hace daño a una persona. Cuando un diferencial salta de forma repetida, el problema está en la instalación o en un aparato, y los dos se pueden localizar. Elegir la protección en función de lo que molesta menos es empezar la casa por el tejado.
Y lo tercero: ir cambiando piezas a base de rearmar. Ese camino sale caro y no cierra nada. Se sustituye el diferencial, luego el termo, luego un magnetotérmico, y el aviso vuelve en cuanto cambia el tiempo, porque nunca se midió nada. Nuestra forma de trabajar es la contraria. Se mide el aislamiento circuito a circuito y se localiza el punto exacto. Se deja por escrito qué hay que sustituir y se cierra el precio antes de empezar.
¿Y si el problema es el propio diferencial?
Pasa, y hay que contarlo. Un diferencial es un aparato con partes móviles, y lleva décadas en muchos cuadros de la ciudad. El mecanismo se agarra, el muelle pierde fuerza y llega un punto en que dispara sin motivo o, mucho peor, deja de disparar cuando debería. Para eso está el botón de prueba del frente: pulsarlo una vez al mes es el único mantenimiento que un diferencial pide, y cuesta cinco segundos.
Hay otra situación que parece un fallo del aparato y no lo es. Cada equipo con electrónica tiene una pequeñísima fuga natural hacia tierra. Una sola no llega a nada. Diez o doce sumadas, con la casa llena de fuentes de alimentación, cargadores, placa de inducción y una bomba de calor con variador, pueden acercarse al umbral de disparo. Entonces cualquier arranque termina de empujar y el diferencial cae sin que nada esté roto.
La solución en ese caso no es un diferencial que aguante más, sino reparto. Se separan los circuitos en varios diferenciales, para que las fugas no se sumen todas en el mismo aparato. Y se da protección propia a las zonas con riesgo: la calefacción, el exterior, el garaje o el trastero. Un cuadro bien repartido tiene otra ventaja el día que haya una avería de verdad: se queda sin luz una parte de la casa y no toda.
Y si el diferencial no aguanta ni con todos los circuitos abajo, si al rearmar ves chispa o notas el cuadro caliente, o si alguien ha sentido un calambre al tocar un aparato, no es un asunto para mañana. Deja la palanca abajo y llámanos: al coger el aviso te damos una hora concreta de llegada.
En resumen
- El diferencial vigila que la corriente que sale vuelva entera, no cuánta pasa
- Apunta hora, aparatos y si aguanta al rearmar: el patrón acorta el diagnóstico
- Baja todos los magnetotérmicos y súbelos de uno en uno para hallar el circuito
- El comprobador de aislamiento da un número por circuito y evita abrir pared
- Nunca se puentea, ni se sube su umbral, ni se cambian piezas a ciegas
¿Sigues sin luz o no te atreves a tocarlo? Llama
Atendemos urgencias en Vitoria y toda Álava las 24 horas. Al coger el aviso te damos una hora concreta de llegada, y el precio te lo cerramos por escrito antes de reparar.