El ICP no se avería: avisa de que la casa pide más de lo contratado
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Respuesta corta
El ICP salta en invierno porque la potencia contratada se queda corta, no porque haya una avería. En Vitoria la media de enero es de 5,3 °C y la de agosto de 19,8 °C, así que la calefacción solo manda medio año. Cuando coinciden el termo, la vitro, el horno y un radiador de apoyo, el consumo instantáneo pasa de lo contratado y el control de potencia abre la vivienda entera. El diferencial, en cambio, salta por fuga de corriente. Y el magnetotérmico, por exceso de carga en un circuito. Mira qué palanca ha bajado antes de tocar nada: eso ya dice de qué avería se trata.
¿Qué hace cada una de las tres protecciones del cuadro?
El interruptor de control de potencia vigila una sola cosa: cuántos vatios estás consumiendo a la vez. No le importa dónde ni por qué. Si la suma pasa de la potencia que figura en tu contrato, abre y deja la vivienda entera sin luz. Es el guardián del contrato, no de la instalación. En los contadores digitales ya no es una palanca aparte: la función va dentro del propio equipo de medida. Por eso mucha gente busca el ICP en el cuadro y no lo encuentra.
El magnetotérmico protege el cable. Lleva dos mecanismos dentro. Uno térmico, lento, que actúa cuando el conductor lleva rato pasando más corriente de la que aguanta. Y otro magnético, instantáneo, que actúa ante un cortocircuito. En un cuadro doméstico hay un general, que manda sobre todo, y uno pequeño por circuito: luces, tomas, cocina, lavadora, calefacción. Cada uno está calculado para la sección del cable que tiene detrás, y no para lo que a alguien le apetezca enchufar.
El diferencial protege a las personas. No mira cuánta corriente pasa, sino si vuelve toda. Si una parte se desvía hacia el terreno, hacia una tubería mojada o a través del cuerpo de alguien, dispara. El umbral habitual en vivienda es de treinta miliamperios. Es una corriente que a una lavadora no le hace nada y a un cuerpo humano sí. Ese es el motivo de que no se toque nunca, por mucho que moleste el día que se pone tonto.
Las tres cuelgan una de otra y en este orden: control de potencia, general, diferencial y circuitos. Saber el orden sirve para algo muy práctico. Cuanto más arriba está lo que ha saltado, más casa se queda a oscuras. Si se va la vivienda entera, mira arriba. Si se va solo la cocina, mira abajo.
¿Por qué dispara en enero y no en agosto?
Vitoria-Gasteiz tiene 12,0 °C de media anual y 5,3 °C de media en enero, según los valores normales de AEMET en el aeropuerto de Foronda para la serie 1991-2020. En agosto la media sube a 19,8 °C. La ciudad está a 539 m de altitud y recibe 11,2 días de nieve al año. Traducido a electricidad: aquí el gran consumidor no es el aire acondicionado de agosto. Es la calefacción de enero, y trabaja muchas semanas seguidas.
Eso cambia la forma de la curva de consumo de la casa. En agosto la vivienda no tiene que calentar nada, y la punta de la tarde la hacen la cocina y poco más. En enero la calefacción trabaja horas seguidas, y además coincide con la hora de cocinar y de ducharse. La potencia que hace falta en ese instante puede doblar la de un día de verano. La instalación es la misma. Lo que ha cambiado es lo que se le pide a la vez.
El frío también alarga los ciclos, y esto casi nadie lo tiene en cuenta. El agua de red entra más fría, así que el termo tarda más en recuperar temperatura y arranca más veces. La bomba de calor rinde menos cuanto más baja está la temperatura exterior: para dar el mismo calor pide más corriente. Los acumuladores cargan más horas. Nada de esto se ve desde el pasillo. Se nota el día que la palanca baja a las ocho y media de la tarde.
Hay un último factor, y es de ciudad. Vitoria creció de golpe: pasó de 73.701 habitantes en 1960 a 192.773 en 1981. Casi todo el parque de vivienda de esa oleada se levantó con 3.450 W por piso, porque entonces se cocinaba y se calentaba con gas o con gasóleo. Esa cifra era razonable en 1975. Con un termo eléctrico, una vitro y un radiador de apoyo, deja de serlo.
¿Cómo saber cuál de los tres ha caído?
Antes de rearmar nada, mira. La información está en dos sitios: en qué zona se ha quedado sin luz y en qué palanca está abajo. Si la vivienda entera está a oscuras y en el cuadro no hay ninguna palanca caída, ha actuado el control de potencia. Muchos contadores digitales se rearman solos al cabo de unos minutos, y ese rearme automático es en sí mismo una pista: ni el magnetotérmico ni el diferencial se suben solos.
Si lo que está abajo es la palanca ancha, la que lleva un botón de prueba en el frente, ha saltado el diferencial. Eso es un aviso de fuga, no de exceso de consumo, y se investiga de otra manera. Suele estar a la izquierda de la fila, justo después del general. Si en tu cuadro hay dos diferenciales, apunta cuál de los dos ha caído: reduce la búsqueda a la mitad de la casa.
Si está abajo una palanca estrecha y solo se ha ido la luz de una parte de la vivienda, es un magnetotérmico de circuito. Ahí ya sabes qué zona tiene el problema. Y si está abajo la palanca general, la primera de la fila, ha habido exceso de carga por encima de todos los circuitos. Haz una foto del cuadro tal como lo has encontrado, antes de subir nada. Es el mejor dato con el que se puede empezar un diagnóstico.
¿Qué cargas se juntan en una tarde de invierno?
Son seis, y en una casa muy eléctrica pueden estar todas. El termo. La vitrocerámica o la inducción. El horno. Los acumuladores de calor. El radiador de apoyo del cuarto que no calienta. Y la bomba de calor, si la hay. Por separado, cada una cabe de sobra en la potencia contratada. El problema nunca es una carga: es la simultaneidad de tres o cuatro en la misma media hora.
Dos de ellas trabajan sin que nadie las vea. Los acumuladores cargan de madrugada para aprovechar las horas baratas, y el termo suele llevar temporizador. Si esa programación está mal puesta, o se quedó como la dejó quien vivía antes en el piso, las dos cargas pueden arrancar justo en la punta de la tarde. Revisar la programación no cuesta material y a veces resuelve el aviso entero.
El radiador de apoyo es el detonante más común de todos. Se compra en noviembre, se enchufa en la toma que hay más cerca y nadie piensa en de qué circuito cuelga. Normalmente, del de los dormitorios, que está calculado para lámparas y cargadores. Así que suma dos veces: sobre el total de la casa y sobre un circuito que no lo esperaba. Por eso los avisos llegan una o dos semanas después de la primera bajada seria de temperatura.
Conviene añadir un detalle del propio cuadro. En muchos pisos de esa época hay dos circuitos para toda la casa, y la calefacción eléctrica que se ha ido añadiendo cuelga de ellos. El general y los magnetotérmicos trabajan al límite cada tarde de invierno. Un contacto que se calienta y se enfría todos los días acaba perdiendo apriete, y un borne flojo calienta más todavía. Eso ya no es un problema de contrato: es un problema de cuadro.
¿Qué hago esta noche?
Primero apaga o desenchufa lo que estaba funcionando cuando se fue la luz. Empieza por el radiador de apoyo y por el horno. Rearmar a ciegas, con todo encendido todavía, solo consigue que vuelva a caer y que el contacto se caliente una vez más. Si hueles a quemado, o notas tibio el plástico del cuadro, no rearmes: deja esa palanca abajo y pide que lo vean.
Después rearma en orden, de arriba hacia abajo. El general primero. Luego el diferencial. Luego los circuitos, de uno en uno, con unos segundos de espera antes de pasar al siguiente. Si alguno tira el cuadro en el momento de subirlo, déjalo abajo y sigue con los demás. Te quedas sin esa zona, pero con el resto de la casa en marcha y con un dato muy útil ya localizado.
Con la luz recuperada, reparte las cargas a mano durante unos días. No uses el horno mientras el termo calienta. Deja la lavadora y el lavavajillas para más tarde. Y si el radiador de apoyo es imprescindible, enchúfalo en la toma de la cocina, que casi siempre cuelga de un circuito más fuerte. Si con ese reparto ya no salta, tienes medio diagnóstico hecho: es potencia, no avería.
¿Y qué hay que resolver después?
Lo primero es medir, no suponer. Hay que ver qué consumo real haces en la punta y qué aguanta la instalación que ya tienes. Son dos preguntas distintas y se contestan con aparatos, no rearmando palancas. De esa medición sale una decisión sencilla: o se reparte mejor lo que hay, o hace falta más potencia, o hace falta más potencia y además cambiar cosas antes de pedirla.
Aquí está el error que más caro sale: subir la potencia contratada y no tocar nada más. El contrato deja de cortar, es verdad. Pero el cable, el cuadro y las protecciones siguen siendo los de antes, y ahora ya no hay nada que limite lo que pasa por ellos. El aviso desaparece y el riesgo sube. En un piso con el cable original y dos circuitos, subir potencia sin revisar es empujar el problema hacia dentro de la pared.
La subida se pide a la comercializadora y la ejecuta i-DE, que es la distribuidora de la red en Álava. Nuestra parte va antes: medir la punta real, revisar el cuadro y los bornes, reparar lo que haya calentado y dejar las protecciones acordes al cable que tienen detrás. El presupuesto se cierra por escrito antes de empezar. Y si esta noche la palanca no se sostiene, huele a quemado o el cuadro está templado, no esperes a mañana: llámanos y te damos hora concreta de llegada al coger el aviso.
En resumen
- Si se va la casa entera y no hay palanca caída, ha actuado el control de potencia
- El diferencial avisa de fuga; el magnetotérmico, de exceso de carga en un circuito
- En enero la punta puede doblar la de agosto con la misma instalación
- El radiador de apoyo suma sobre el total y sobre un circuito débil
- Subir potencia sin revisar cable y cuadro quita el corte y deja el riesgo
¿Sigues sin luz o no te atreves a tocarlo? Llama
Atendemos urgencias en Vitoria y toda Álava las 24 horas. Al coger el aviso te damos una hora concreta de llegada, y el precio te lo cerramos por escrito antes de reparar.